Claudio Attardo
nació en Rosario, Santa Fe, Argentina, en junio de 1959. Estudió Fotografía
en la Universidad Tecnológica Nacional de Rosario y la Peña Fotográfica
Rosarina.
En 1978 realizó su primera
muestra individual en el bar "Arenas"; en 1979 sus trabajos le
valieron el 1º Premio en tema Libre, del certamen realizado en el Centro
Cultural de la Ciudad de Buenos Aires. En 1983, la Sociedad de Fotógrafos
Profesionales de Rosario le otorga el 3º Premio de su concurso anual.
Realiza gran cantidad de
muestras individuales en diversos centros artístico de la ciudad de Rosario:
la Galería Falar, el Cine Lumiére, el Centro Cultural Bernardino Rivadavia
y en el exterior, el el que se destaca la invitación de la Municipalidad
de Shangai, China, para realizar una exposición de sus trabajos en su Biblioteca
Municipal.
Un fotógrafo interesado
en componer imágenes para sus trabajos, ha abordado diversas temáticas en
sus presentaciones: "Desnudos", "El Cristal con que Yo miro",
"Fotobujos", "Silencio Verdad" han sido algunos
de los títulos.
Además Claudio Attardo
se desempeña activamente en el campo del Periodismo gráfico y la fotografía
publicitaria. Colaboró con diversas publicaciones: Revista "Vasto Mundo",
"Mercado", "El Vecino" y el diario digital "RosarioNet".
La tapa del directorio telefónico Telecom del año 1996 en Rosario
es uno de sus trabajos.
APUNTES PARA UN COMENTARIO A LA OBRA DE CLAUDIO
Vicente Huidobro "Hay que crear un poco de infinito para
el hombre"
Arturo Zuliani:
En momentos en que la sociedad del hombre se vuelve cada vez menos humana,
el camino hacia la infinitud que el arte se ha abierto en demanda de su
libertad, la dialéctica entre lo empírico y lo teórico (como crisis), vuelve
a replantearse como en Tomás de Aquino, Hegel o el último Nietzche, es decir,
reflexionar sobre la infinitud del arte. Para los griegos el arte (techné)
es la técnica de explicitar la verdad de la belleza, por eso Nietzsche afirma
que "verdad es lo que llega a ser". "Pulcra sunt quae visa placent".
Bello
es aquello que agrada a la vista. Imagen y sensación se aúnan en los contenidos
de la forma de la obra de arte, que empuja a la dimensión de lo empírico
más allá del arte-facto, buscando liberarse de aquello que lo acota, por
su condición de cosa (lo óntico) y en demanda de su condición de ser (lo
ontológico).- Klee plantea la necesidad de la abstracción de la naturaleza,
programando la necesidad de un mundo estrictamente artístico, y proclama
el color, el plano, el punto y la línea como un absoluto. Las vanguardias
de distintos ismos, la estética psicoanalítica del surrealismo y el automatismo
y una actualidad plagada de manifestaciones de comunicación como happenigs,
instalaciones, perfomances y toda laya de quehaceres apoyados aquí y acullá
con teorías del postmodernismo (donde todo vale y una cosa puede ser lo
contrario), luchan y se enfrentan por la posesión de la territorialidad
del arte, más allá o más acá, pero lejos del hecho estético.- Cuando el
hombre de Cromagnon o Neardenthal decoran las cavernas de Dordogne o Altamira,
nos dejan un testimonio único: lo inmanente de la búsqueda del espíritu
como magnitud estética y la intención de lograr con herramientas de plasmación
de la imagen, en su doble condición mimética y semiótica, sin vacilar en
el uso de naturalismos y abstracciones propios del lenguaje maduro y de
una magnitud categórica y diferenciada. Ignoramos sus contenidos, somos
conscientes de lo transitorio de sus valores, pero debemos soportar su presencia
de milenios como algo actual, que flexiona y reflexiona sobre el mundo de
las obras de arte, como querría Deleuze.- Por primera vez en la historia
del hombre, herramienta e imagen, conjugadas con una dimensión temporal
de velocidad en la pantalla de un televisor o una computadora, proponen
al contemplador un modo de percepción inédito, que modifica los módulos
de la experiencia, atravesada por la inmediatez de lo veloz, y la transitoriedad
de la permanencia. Attardo es un fotógrafo, de esa raza de cazadores de
imágenes, que desde lo profundo del tiempo arranca de la realidad lo visto
disociado del acto subjetivo de ver. Hay un salto cualitativo entre la mano
del hombre primitivo que pinta la pared de la caverna y la cámara fotográfica
que posibilita la aparición de imágenes en innumerables lugares y al mismo
tiempo. Es la electrónica quien permite llegar a producciones artísticas
a partir de la constitución específica de instrumentos (arte-factos) que
han nacido fuera del ámbito artístico. Esta puesta en obra que hoy expone,
se encolumna en el múltiple juego de búsqueda y aventura del umbral de la
creación, paso indefinible que abre campo a la autonomía irrevocable del
arte. Vibraciones y armonías, enjundia de color y planos, ideografía tensada
a escapar del canon, formas de espacio detenidas, encuadres de una velocidad
suspendida, técnicas de una mixtura caótica y visceral, permite que nos
asomemos a su mundo y nos conmueva.-
Vejez Desprotegida:
Tal vez, la idea de imagen-cazada, presa que la lente fotográfica sustrae
para siempre de la realidad, en una tensión entre fondo y forma, en una
búsqueda permanente de libertad para encontrar un método de producción propia,
(la fotografía como rama de la imaginación), nos enrostra este ciego, contra
la pared, como una víctima de la oscuridad a la espera del disparo final
que la vida le depare. Hay una violencia abstracta, atravesada indefectiblemente
por la tristeza y la ferocidad del mundo, y en la demanda de ayuda a quien
yace en la ceguera, hay un claro reclamo a nuestra subjetividad vulnerable,
donde anida el valor de lo común y lo comunitario. En el Bizancio de los
Paleólogos, la mendicidad estaba regulada, no debía “exhibir el horror
de la miseria”, ¿cómo eludir el vacío tenebroso de los ojos muertos?.
Suceda algo que borra ciertas fronteras, allí donde el otro podría ser yo
mismo, dónde el mandato pareciera ser, más que nunca, pasible del azar y
las circunstancias. Todo arte es producción del origen, donde se define
por lo que le falta y es una ausencia lo que lo distingue. Nietzche y Adorno
dan como superior premisa ética en la modernidad no sentirse cómodos en
la creación. Allí donde se dan los factores de materialidad, homogeneidad
y continuidad del objeto de arte, (el arte-facto), en el creador y ¿por
qué no? en el contemplador, se proyecta una ética solitaria, una propuesta,
tal vez la única posible, en un mundo donde los valores se derrumban. Clamemos
por una ayuda a nuestra ceguera, que permita arrancar la verdad de los violentos
o de los poderosos, en esta sociedad posnacional, donde la mentira y el
engaño ocultan el crimen de la violencia de los fuertes sobre los débiles.-